¡Los niños lo quieren todo! En este post Bea Sánchez del blog «Mamá Valiente» nos da muy buenas ideas para orientar el consumo infantil. Cómo hacemos compatible la filosofía del ‘menos en más’ si tenemos niños en casa

 ¡Mamá, quiero eso, lo necesito! ¡Todos mis amigos tienen uno! ¿Te suena? 

Empezamos a estar concienciados con la manipulación comercial, con las estrategias de marketing y con la gran realidad: no necesitamos tantas cosas como tenemos. Siendo adultos aprendemos a apreciar aquello que sí tenemos y a plantearnos si realmente necesitamos todo lo que se nos viene a la mente. Sin embargo, los pequeños de casa pasean por los lineales del supermercado al grito de ‘lo quiero’.

¿Cómo hacemos compatible la filosofía del ‘menos en más’ si tenemos niños en casa?

Desear no tiene nada de malo

Que un niño desee todo lo que ve por su camino no es un error de cálculo. Por el principio psicológico de simpatía, se vinculan los productos para niños con sus personajes favoritos. Esto hace irresistible una publicidad muy bien planificada.

En algunos países como Suecia, está prohibida la publicidad televisiva dirigida a los niños menores de 12 años. En otros países se veta solo la publicidad de juguetes o se prohíbe antes y después de los programas infantiles; en otros no se permite interrumpir los dibujos con ella. En España no contamos con esta suerte de regulaciones y aunque el niño no vea la televisión, verá canales YouTube o las adquisiciones de sus amigos.

Ahora bien, desear no tiene nada de malo.  Nuestro empeño debe estar en que el niño se pregunte qué necesita de verdad y qué publicidad puede rechazar. 


qué le decimos al niño que lo quiere todoHay 2 frases que decimos mucho y que no funcionan para que los niños dejen de desear cosas:

  • No tenemos dinero para eso.

  • Eso es una tontería.

En cuanto a la primera, la falta de recursos económicos no es algo sobre lo que deberíamos bromear o utilizar a nuestro antojo. Los niños no son tontos y ven que en casa se compran cosas (muchas no precisamente baratas). Que el niño asuma la idea de que no se compran cosas porque no hay dinero no le educa en la suficiencia sino que lo fuerza a conformarse. Y además le deja claro que, si hubiera más dinero, lo tendría.  Por tanto educamos a un niño que en el futuro querrá tener mucho dinero para tener muchas cosas.  Todas las que no pudo tener ‘cuando era pobre’. Es preferible que le hables de prioridades a dinero.

La segunda es una falta de respeto para el niño porque ningún deseo es pequeño. Es obvio que sus prioridades no son las nuestras y sus ensoñaciones no son las adultas. Cuando les decimos que sus cosas son tonterías nos alejamos de ellos con el mensaje de ‘lo mío importa más’. O con el rancio ‘yo sé lo que te conviene’.


Entonces ¿qué le decimos al niño que lo quiere todo?

 Cuando el niño te diga que quiere algo, pídele que te cuente más. Conversa, tómalo en serio y hazle preguntas: 

“Vaya, sí que parece chulo” a continuación acompaña al niño con preguntas, pero no las contestes tú:

  • ¿Dónde crees que podríamos ponerlo?
  • ¿Crees que podrías compartirlo con tu hermano o es solo para uno?
  • ¿Parece un juguete duradero o de los que se rompen rápido?
  • ¿Sabes si cuando te canses de él podríamos reciclarlo o donarlo?
  • ¿No teníamos algo parecido en el sótano?
  • ¿Crees que tu amigo te dejaría probarlo antes de comprar uno para ti?
  • ¿Me ayudas a buscarlo en el mercado de segunda mano?

No se trata de disuadirlo, sino de poner su mente a trabajar en torno a ese deseo. Por lo general no solo quieren algo, sino que lo quieren YA, así que nuestro siguiente paso es distanciar el deseo de la pertenencia. Esto, te aseguro, es un aprendizaje para toda la vida.


qué le decimos al niño que lo quiere todo

En lugar de decirle al niño que es una bobada, apreciamos que nos lo cuente y le decimos que lo pondremos en la lista de deseos.

Ten una lista en papel (puede estar en tu agenda o la suya) con todas las cosas que quiera tener. En casa tenemos una con las cosas que mis hijos desean, pero no los compramos de inmediato. Antes de ello, los niños se han imaginado jugando con eso, han buscado un sitio en la casa (quizá hayan tenido que donar algo para ello) o se han preguntado qué tipo de embalaje trae. A veces hasta lo han dibujado.

¿Y qué pasa con esta lista?

 La inmensa mayoría de las cosas se olvidan incluso antes de escribirlas.  Ellos saben que tomamos en serio sus deseos, que les preguntamos. Y también ellos llegan solos a la conclusión de lo que será un estorbo, se romperá rápido o solo les ha llamado la atención porque el anuncio tiene una música genial.

Algunas cosas quedan en la lista por semanas y meses. Esos son sus regalos de cumpleaños y Navidad. Y te aseguro que los disfrutan: el niño sabe que le está permitido desear, que será tenido en cuenta y que fue muy listo tomándose un tiempo para elegir el objeto correcto.


Pero ¿y las rabietas de supermercado? ¿No son los niños unos caprichosos?

 El niño que no satisface sus deseos inmediatos llora una vez. Pero si somos coherentes, no llorará todas las que seguirán. ¿Sabes que hace que un niño grite porque le has dicho que no a unos caramelos en el súper? No son los caramelos, sino la cantidad de veces que el niño ha escuchado ‘NO’ durante el día. La gran parte de los ‘no’ son por comodidad nuestra: para que no manche, para que no rompa, para que no me tenga que levantar o para que no tenga que pasarme la tarde en el parque.

Hoy te animo a dejar de lado el discurso añejo de ‘no podemos darle al niño todo lo que pida porque tiene que aprender que en la vida no lo tendrá todo’. Esta perorata sobre la frustración te vende la idea de que le ayudas a pasar el niño una prueba de fuego para su vida. Pero no es real.  Si quieres hacer algo por los niños, déjalos desear y enséñales a hacerse preguntas sobre lo que de verdad desean en la vida. 

Bea Sánchez

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©Todas las imágenes del post son propiedad de Mamá Valiente (Bea Sánchez)


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