¿Alguna vez se te ha pasado por la cabeza dejarlo todo? ¿Escapar de la ciudad al campo? Muchas veces estos sueños se quedan en eso, en sueños. Pero hay personas como Cristina «La solana, campo y vida» que dieron el paso. En este post vamos a conocer su historia, su cambio de vida: de la ciudad al campo.  Un viaje radical que empezó en el 2014 y que sigue su camino. 

De Ripollet a Castellote. De la ciudad al campo.

Un viaje radical: de la ciudad al campo

Evolucionar

Reconozco que nunca me ha dado miedo a cambiar. Cambiar algo aunque parezca que funciona para mejorar y evolucionar como persona, cambiar de trabajo, cambiar de piso, cambiar del lugar donde vivo…

Todos los cambios requieren de una misma base interior. Es algo que nos mueve por dentro, que nos obliga a pasar la página que ya se ha terminado. Nuestro cambio de la ciudad al campo, de Ripollet, Barcelona, a un pueblo pequeño de Teruel, un lugar encontrado al azar pero buscado, no fue de la noche a la mañana, empezamos poco a poco hasta que al fin nos lanzamos de cabeza.


Escucharse

Hubo dos razones que nos hicieron tomar la decisión de buscar una finca, un terreno con agua donde allí poder rehacer nuestra vida. La alimentación fue uno de ellos. La toma de consciencia, del estado del planeta en todos sus ámbitos: social, político, medioambiental, fue la otra. Somos ovo-lácteo-vegetarianos desde hace casi 20 años. La carne de baja calidad que nos venden envasada en el supermercado nos hizo detestar los productos derivados de los animales cuando ya vivíamos en pareja. La decisión fue rápida y no tuvimos que volvernos locos buscando recetas nuevas, sino que adaptamos nuestra dieta a más legumbres y verduras. Hoy en día es más fácil adquirir productos vegetarianos y existe mayor información para dejar los filetes y embutidos, pero en su momento, fue toda una aventura.

Al cabo de un tiempo entramos en un grupo de consumo. Una cooperativa donde cada semana recogíamos una cesta de verduras de temporada, cultivadas en las proximidades, participando en un proyecto que todavía sigue y crece. Conocer el trabajo de esas personas, La Kosturica una experiència agroecològica, que cultivan y cuidan el campo, nos acabó de decidir.

 Queríamos buscar un lugar donde plantar, regar, donde ver crecer nuestro alimento fuera posible. Queríamos un lugar donde sembrar las semillitas de nuestro cambio, un lugar donde llevar una vida más autosuficiente fuera posible y por tanto, llevar una vida más acorde con nosotros, con ese movimiento interior que pedía revolución.


Empezar

Mientras buscábamos tierra tuvimos huerta urbana en la terraza de casa de mi madre. Comimos lechugas, tomates y recogimos pimientos y fresas varias veces de allí, y la sensación fue muy gratificante.

Nos compramos libros sobre cultivo y autosuficiencia y así conocimos a John Seymour y sus manuales. La idea cada vez era más clara, queríamos ir a vivir cerca de la tierra, queríamos aprender a hacer conservas y a vivir de lo que nos da el campo.

Hice un curso de agricultura ecológica y huerto familiar con el gran Mariano Bueno. Fue solo un fin de semana, cerca del lugar dónde vivíamos y la experiencia enriqueció mi consciencia. Aquello debía sumarse al oficio de mi pareja, jardinero, con bases y técnicas parecidas a las agrícolas.

Nos informamos, nos formamos, y aunque no estábamos preparados para todo, después de buscar, visitar y conocer campos, pueblos y vergeles, encontramos nuestro rincón en Teruel, en un pueblo con poca gente pero extenso territorio. El sí quiero fue inmediato. Ese sitio de manantiales cercanos y olivos milenarios nos cautivó. Castellote, como gran parte de la península rural, mezcla el encanto de la piedras, del verde, de lo silvestre y salvaje: un paisaje que llena el alma.


Decidir

Teníamos la finca, el agua, el suelo, los árboles pero la casa lejos. No se pueden cultivar tus alimentos a 350 km de donde vives y pretender que todo fluya visitando el campo una vez al mes. No se puede cambiar de paradigma si no pones los pies y tu fortaleza en lo que realmente quieres, en lo que realmente deseas.

Vivir a pie de campo todavía no era posible, y todavía no lo es por que todo cuesta demasiado dinero, pero vivir más cerca de nuestro sitio donde teníamos la intención de enraizar si que era factible y determinante. Primero se vino él de alquiler y al poco, aunque nos pareció mucho, yo y nuestro embarazo, una puerta nueva se abría, una página en blanco se empezaba a escribir en nuestra vida.

De Ripollet a Castellote. De la ciudad al campo.
Un viaje radical que empezó en el 2014 y que sigue su camino.

Cristina

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