Así ha sido mi verano como voluntaria en la Smithsonian. Estoy a punto de cumplir cinco meses en los Estados Unidos. Aunque aún queda mucho verano por delante y muchas horas como voluntaria he pensado que sería bonito hacer un balance de mi trabajo estos meses. Han sido miles de experiencias nuevas que trataré de resumir y contar de la forma más amena posible.

Para empezar me gustaría contar qué me ha traído aquí. Desde siempre tuve claro que quería viajar y vivir en países diferentes. Tengo la suerte de que Nacho quiere lo mismo, así que cuando surgió la oportunidad de hacer una estancia de investigación en la Smithsonian, tardé un segundo en decidir dejar el trabajo, el apartamento y mis cosas en una caja en Madeira para venir a los Estados Unidos.

Estamos en el estado de Maryland en la costa Este, vivimos y trabajamos en Smithsonian Environmental Research Center. Durante estos cinco meses he vivido con más de veinte personas, de diferentes nacionalidades: he aprendido sobre las costumbres chinas (no muy agradables para los occidentales), compartido botellas de vino, visto mi congelador lleno de comida precocinada y conocido a muchos americanos que tienen la misma opinión que yo sobre Trump.

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