En verano me encanta andar en chanclas, si pudiera, creo que me pasaría el año entero así, con los pies fresquitos 😉

Pero el año pasado se me rompieron unas chanclas que tenía desde hace años, que me acompañaron en muchos viajes y en muchos paseos a la playa. No las pude arreglar, así que ahí están, en el armario, esperando  una segunda oportunidad.

Hace un tiempo descubrí la iniciativa de la ONG Ocean Sole, en la que utilizando chanclas viejas fabrican figuras de animales preciosas, que dan ganas de llevarse para casa 😉

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